Chichaca un hermoso paisaje entre las montañas

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Redacción: César Aguirre Torres – Ecotel Press

El espacio territorial de “Chichaca” se localiza en el cantón Catamayo, pero gran parte de su pasado está íntimamente relacionado con las poblaciones de Taquil, Chantaco  y Chuquiribamba.  El origen de su nombre se pierde entre la leyenda y la Historia.

En tempranas etapas coloniales, este sitio se redujo al dominio de las haciendas implantadas por la corona española; sin embargo, su denominación responde a voces Quechuas. “CHAKA” es equivalente a “PUENTE’:  aunque también tiene otras acepciones:  zorro, ronco, afónico, fuente u ojo de agua, vertiente, cadena, umbral, argolla, barrera, valla que cierra una cosa, dique o muro para contener agua. Por su parte la partícula “CHI” a más de servir para dar el sentido de hacer lo que expresa un verbo (por ejemplo, hacer puente) se la utiliza como adjetivo demostrativo (ese o aquel puente).

Al visitar el sitio  actual mente, y conocer que  por Chichaca cruzaba  el Qhapaq Ñan, y encontrar en el trayecto un río (que por referencias documentales se sabe que en ciertas épocas del año era muy torrentoso), es lógico pensar que debió existir un puente, quizá estratégico y con ciertas características que lo singularizaba. En mi criterio podría ser una de las razones más fuertes que justiciaron que al sector de lo denomine como “Chichaca”.

La tierra ocupada por la Hacienda Chichaca desde tiempos remotos fue reclamada de manera permanente por el pueblo de Chuquiribamba, estableciendo largos procesos judiciales contra los distintos propietarios que se turnaron a lo largo de los años.  Entre la documentación estudiada, uno de los primeros dueños o propietarios de la Hacienda Chichaca fue el Tesorero Diego Vaca de Torres (1667), propiedad que heredaría su hija Ana Vaca de Torres (1706).  Más tarde, en 1789 destaca como, propietario Gregario Sánchez de Orellana, que incluso otorga su testamento y muere en la Hacienda Chichaca en el año 1789, pasando la propiedad a su esposa Agustina  Correa y Samaniego,  quien  la posee hasta 1817.

En el mismo año de 1817, Pío de Valdivieso en su calidad de Albacea de la finada Agustina Correa, vende la propiedad a Juan José Correa quien le entrega la Hacienda a su hija Alejandra Correa y esta a su vez traspasa el dominio a sus nietos Manuel, María y Juana Aguirre (1868).  Un año después Juana Aguirre es la única propietaria por compra a su hermano de la mitad de Chichaca. Juana Aguirre se casó con Juan Francisco Bustamante, cuya descendencia formada por  Heleodora, Amelia y Mercedes Bustamante Aguirre heredaron la .Hacienda y figuran como propietarias  en 1899. El último propietario de la Hacienda Chichaca fue Daniel Álvarez Burneo. Posteriormente, vendría la parcelación Chichaca, es un territorio de contrastes, intensas tonalidades, verdes en las vegas y zonas bajo riego; y, amarillentas laderas rocosas. Llanuras diversamente cultivadas y escarpadas montañas desprovistas de vegetación. Quedan aún en pie, casas tradicionalmente construidas y acomodadas en las estribaciones de la cordillera.  La casa grande que alguna vez fue el fundo de la Hacienda Chichaca, hoy es la escuela del barrio.

La carretera que entre las faldas de un empinado cerro se construyó en el siglo XX, para unir a las poblaciones de Chuquiribamba y Catamayo, hoy es una estrecha vía de cuarta orden, utilizada en verano para comunicar al barrio principalmente con la ciudad de Catamayo. Otro ramal le permite comunicarse con Chantaco y Taquil. El “túnel de piedra’; ubicado en la desatendida vía, es uno de los atractivos que se puede observar al visitar  Chichaca. Aunque todavía no se han inventariado, existen en el sector vestigios arqueológicos que denotan la presencia  de culturas  que ocuparon  estos espacios territoriales.

En este artículo se ha dado prioridad a las imágenes, que dicen más que las palabras, para describir al barrio Chichaca. En otra oportunidad, se compartirá los antecedentes que registra la memoria histórica no contada.