Corrupción y Ley

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“Ud. me habla de leyes, como si estuviera persuadido de que realmente existen, y con mil diablos ¿en qué país del mundo, hay menos justicia, menos moralidad, y menos orden legal que en el nuestro? Ud. me habla de ley, cuando nadie la cumple, cuando cada uno la interpreta a su modo, y hace legalmente lo que se le antoja, cuando ningún empleado de hacienda  rinde  cuentas  y abusa de la egida de la ley para quedarse legalmente con las propiedades de la nación. Esta ilusión de régimen legal, es la que nos pierde, pues creemos en lo que no existe, y nos estamos mutuamente engañando, en prueba de  esta verdad, fíjese la atención en el estado de pobreza, de miseria y de corrupción en que nos hallamos, y se verá  que nunca habido leyes entre nosotros, que no las hay, ni lo habrá en cien años; ellas solo existen en el papel, y solo sirven a proteger a los oligarcas y vejar a los pobres.”

Cuando leí el extracto de aquella carta  me quedé perplejo, pensativo y atónito, en ese momento  cerré  mi libro y volví con ligereza abrirlo nuevamente para ver la fecha de la misiva; estaba clarito, Guayaquil, 26 de junio de 1839, luego de nueve  años de  constituida nuestra República  y haberse  separado de la Gran Colombia, esa carta donde se vaticinaba que no habrán leyes  para proteger al pueblo ni dentro de 100 años,  estaba  suscrita y redactada por el Dr. Vicente Rocafuerte y dirigida al primer Presidente del Ecuador en ese entonces el general venezolano Juan José  Flores.

Leí y volví a  leer una  y otra vez aquel párrafo, lo hice porque desde que tengo 17 años me la he pasado estudiando leyes, doctrina y jurisprudencia no solo de mi país  sino de algunas partes del planeta, era como que mi cerebro hubiera  encontrado un punto vacío en donde trataba  de explicarse  como el ser humano ha tratado de crear leyes para mantener el control social de los pueblos; mi abuelita me decía de chiquito: “que la ley es para los de poncho, para el humilde y para el pueblo” y creo que sin mayor estudio nuestros antepasados  supieron vivirlo y nos dejaron esa herencia; y ojo que lucharon por  cambiar nuestra realidad, los ejércitos de la libertad republicana caminaban  hasta los combates descalzos, casi desnudos,  sin camisas y en  el mejor de los casos  con una lanza en las manos y sin mayor entrenamiento militar, mientras   el enemigo tenía ya para ese entonces armas de fuego; lanceros, caballos y artillería militar como cañones; todo este sacrificio hizo el pueblo por alcanzar  la ansiada libertad; libertad  que iba más allá  de no pertenecer  a una monarquía, sino de clamar justicia, equidad y libertad  entre la gente, justicia equidad y libertad que hasta la actualidad siguen siendo una quimera.

Pero mientras  el pueblo  soñaba con la libertad  del yugo y la explotación de sus patrones, los criollos  o aristócratas  solo querían liberarse  de pagar impuestos  a la monarquía española, en fin solo se liberaron en parte los segundos, porque  de pasar a pagar impuestos se dedicaron en este caso ellos a cobrarlos, creando la famosa hacienda donde incluso con adormecimiento religioso de obediencia nos supieron dominar, cuando invertimos más en fastuosas iglesias y catedrales  que en caminos e industrias durante la Colonia, parte de la  culpa o bastante culpa  de aquello  también la carga mi querida iglesia católica, pero así fue la historia y ahí están las evidencias; claro está, hay hombres  santos en ese proceso  que son dignos de aplaudir y de abrazar y el pueblo no ha sido ingrato, ocupan algunos  bustos como derroteros de lo que se debe respetar y seguir en la fe, el amor a Dios y los demás, “¡maldito el hombre que confía en otro hombre, que busca su apoyo en un mortal, y aparta su corazón de Yavé!” dice una máxima  de Jeremías 17 -15

Han pasado casi 200  años y parece que eso de la corrupción, el robo a la nación y la Ley  privilegiando a pocos fueran eternos, parece que las  palabras de Rocafuerte  si fueran  dichas en este momento calan como si estuviera comentando los actos recientes de sobornos,  de los Kits de comida, las mascarillas  o los trajes  para enterrar  nuestros muertos, o en mejor de los casos la metida de mano en los bolsillos de los pobres de la Patria por medio de impuestos, tasas y contribuciones especiales o leyes que privilegian chulcos  disfrazados con una banca privada y pública indolente,  es como si  estuviera siendo testigo de que  a un pobre por robar un celular de 150 dólares tiene  una pena de hasta  nueve años de cárcel, mientras  los que le roban a  la Patria, los delincuentes de escritorio roban por millones o miles  y no superan ni los  cinco años de prisión; es decir, llenamos las cárceles de pobres, llenamos al pueblo de impuestos  y como si esto fuera poco les robamos embestidos de autoridades y poder que ese mismo pueblo nos brindó, al confiar en nosotros.

¿La ley? ¿Qué es la ley? “es una declaración de la voluntad soberana que, manifestada en la forma prescrita por la Constitución, manda, prohíbe o permite”, entonces que “mande”  a  cuidar que no roben los que están en el poder, “prohíba” que la ley no solo  sea para que la cumplan los pobres y que “permita” que la justicia social y equidad de los pueblos no sea una quimera, que eso  haga la ley, caso contrario, ¿para que la queremos?, ¿para qué sirve?; ¿para que la tenemos? para seguir igual que hace 200 años atrás….espero que no… aún estamos a tiempo a tiempo siquiera de no callar.

Marlon Ernesto Chiriboga Aguirre

09 de mayo del 2020…. 17h00

Catamayo – Loja – Ecuador – El mundo.